Las Trancas de Molina

Hace varios años, me di cuenta, revisando en el Google Earth; que había unas extrañas formaciones en la pre-cordillera de Molina, con un camino de acercamiento que llegaba a la falda de los cerros cercanos a esas formaciones (geológicas imaginé), el que comenzaba justo donde termina el asfalto cuando se viaja hacia el Radal. 
Resulta que me animé a contarle de este tema a mi gran amigo y compañero de aventuras; Moisés Oyarzún, con quien planificamos una expedición para dilucidar los misterios de aquel sector. Fue así como iniciamos el descubrimiento de uno de los lugares más bellos de la Región, ideal para la práctica del mtb, la observación de la naturaleza y por que no, para la reflexión y el contacto con lo divino.

Al comienzo, pude notar por las imágenes satélites y las fotos que existían en las mismas, que la vegetación nativa era la predominante y que el sector era frecuentado por arrieros y viajeros cordilleranos de la vieja escuela. Decidimos realizar la aproximación un día sábado, muy temprano por la mañana. Al llegar al camino de tierra, nos dimos cuenta (por el letrero a la orilla de la ruta) que el lugar es conocido como Agua Fría y cuenta con un retén de Carabineros, quienes resguardan el acceso y el tránsito de ganado. Nos reportamos ante la autoridad y nos contaron que el lugar es ampliamente visitado pero cuenta con acceso restringido, por lo que es necesario tener autorización de los propietarios para poder realizar ingreso por caminos internos que no aparecen en Google Earth y que, luego de nuestra primera experiencia serían la mejor forma de realizar las aproximaciones.
Decidimos ingresar por la huella pública, conocida como "Camino del arriero" que es una senda empinada, pedaleable solo en sus primeros metros, que luego se convierte en una fuerte subida, con piedras sueltas y sanjas por la herosión de la lluvia. La subida fue ardua y extensa, casi cuatro horas interminables de piedra suelta y la bicicleta al lado, como lastre o adorno desafortunado. Destacaban en el camino, "coileras" (Lardizabala biternata) cargadas de frutos, hermosos copihues (Lapaegeria rosae), avellanos chilenos (Gevuina avellana) y los infaltables Peumos (Cryptocarya alba), boldos (Peumus boldus) y quillayes (Quillaja saponaria). Finalmente, luego de un breve descanso bajo una Patagua (Crynodendrum patagua); logramos llegar a una zona abierta, la parte más alta del sendero. Ese lugar era diferente, destacaban grandes y añosos Coihues y Robles chilenos (Nothofagus dombeyi y Nothofagus oblicua respectivamente), el sendero pedregoso desaparecía y daba paso a una camino amplio que comenzaba a bajar rápido y liso, rodeado de exuberante vegetación. Los árboles eran enormes, de hecho gigantescos, rodeados de mística.


 El aroma del bosque cubría todo. Los insectos revoloteaban por todas partes. Era el momento de bajar. Al principio dudé de si era correcto continuar la huella y adentrarnos más en ese mundo, luego me entregué a la gravedad y comencé a descender raudo. Fluía entre la espesa masa vegetal que me miraba. Al poco andar, apareció la primera de las formaciones geológicas que me habian intrigado al comienzo. Para mi gran sorpresa se trataba de grandes rocas, algunas planas otras no tanto, como alguna especie de afloramiento lítico, los que como suele suceder se pueden asociar a la gran actividad volcánica de la región y de los Andes en general.


Continuamos luego el descenso hasta llegar a grandes explanadas que probablemente sirven de pastura para los ganados que allí son llevados en verano. De hecho, varios vacunos ya estaban en el lugar, acompañados de tres arrieros que nos miraban asombrados por la extraña hazaña de haber llegado en dos ruedas y pedaleando hasta ese recóndito espacio. Amigablemente, como es la costumbre, nos saludamos y estrechamos manos, nos ofrecieron mate y bebidas que llevaban en alforjas que descansaban sobre grandes troncos caídos al lado del improvisado campamento. La primera de las preguntas que les hice fue si existía otro camino, más "amigable" que el que habíamos realizado y, la gran sorpresa fue saber que sí. Según los arrieros, justo en "el corte", aquel lugar donde comenzado a bajar, existía una muy buena huella, utilizada por los dueños del primer predio que comprendía este sector y que por ella subía gente hasta en motocicletas. Les dimos las gracias por las bebidas y la información y continuamos bajando unos cuantos metros hasta que llegamos a una gruta, esculpida por las generaciones de personas que, solitariamente; han visitado este lugar. Se trataba de un santuario natural consagrado a la Virgen María, de antiguo; muy venerada en los campos de Chile. En la cima de esta gruta, una gran Cruz de acero resguarda el valle y las silenciosas cumbres nevadas que lo rodean.
Mi compañero, en ese minuto, ajeno a las ideas religiosas que se me inculcaron desde mi infancia, no le tomó el peso al acto ancestral de erigir en aquel desolado una imagen religiosa, como punto de parada en la extenuante ruta de las veranadas (que mueven gando entre lugares específicos de la cordillera de Chile y Argentina). Sin embargo, conversé con mis ancestros allí. Tome aliento, me refresque con las limpias aguas que brotaban de pequeños riachuelos aledaños y me sentí más cerca de Dios.
Miramos el reloj, y nos dimos cuenta que era tarde, por lo que decidimos comenzar a subir todo lo bajado para volver al punto de inicio. Cuando llegamos arriba, divisamos la huella que se introducía hacia la derecha. Era amplia y muy pedaleable, aún cuando asomaban ramas de arbustos y troncos caídos en varios tramos. Comenzamos a bajar y solo nos detenían ramazos y las maniobras más difíciles para esquivar las ramas secas y grandes que, caídas por el viento y la soledad; esperaban hacerse parte del suelo del bosque.
fueron nueve kilómetros de bajada, entre frondosos y añoso árboles que fueron aumentado en diversidad a medida que bajábamos. Fueron nueve kilómetros sumergidos en el aroma de Laureles, Peumos y Zarzaparrillas. Debo reconocer que terminé con las manos adoloridas y con muchas ganas de volver a limpiar ese sendero, para mejorar su fluidez y con ello el tiempo que se podía demorar uno en recorrerlo. Resultó ser cien veces más amigable que el áspero camino que nos sirvió para el inicio de la aventura. Por lo que decidimos que, cuando volviéramos a ir, accederíamos por el mismo camino experimentado en nuestra bajada.
Ese día volví a Curicó con la sensación de haber viajado a otro tiempo y de saber que, a pesar de la relativa distancia entre mi hogar y Las Trancas de Molina, estaba a un paso de otro planeta.

Nota: Las fotos que aparecen acá, son de un viaje posterior que realizamos acompañados de Fabián Poblete, otro gran amigo de aventuras.

Comentarios

  1. Estimados ese sector es conocido como Los Morros, corresponde al fundo Las Trancas, que es por donde se tiene acceso desde Molina, yo subia a Los Morros por el sector Fundo Agua Fria, que es donde vivi mi niñes en la decada de los 80, era una aventura habitual para nosotros....muy hermoso por cierto, es un agrado que mas personas conoscan esos luugares.

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  2. Hola! Muy bello tu relato! Al igual que tú dedico mucho tiempo a buscar rutas para realizar y precisamente la que acabas de detallar es una de las que más me interesa (llevaba un par de meses que la analizaba y finalmente no la hacía). En fin, septiembre será el mes en que la realizaré y espero salga todo bien. Saludos!!

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  3. Hola, soy estudiante de Arquitectura y este año tengo que realizar mi obra de título. Justo estoy trabajando con los arrieros de la provincia de Curicó y hace poco conocí las trancas que es donde se encuentra la barrera sanitaria del SAG, que es el punto de control cuando los arrieros inician las veranadas. Me gustaría saber con más detalles como lo hicieron para llegar a la virgen de los morros, porque me han dicho algunas personas que son terrenos privados y que se dificulta el acceso.
    Agradecería cualquier ayuda

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